Un amigo español de próxima visita a Colombia generó la certidumbre que los políticos de América Latina amparados en el ejemplo de algunos políticos suecos podrán lograr los cambios que la región demanda en el siglo XXI, cuando indudablemente éstos tuvieron un peso notable en la trasformación de Europa, e incluso jugaron un rol determinante en la política mundial durante el silgo XX.
Dag Hammarskjold entendió la política como un servicio a su país y a la humanidad e hizo celebre la frase: “nunca midas la altura de una montaña, sino hasta que corones la cima. Entonces verás cuan baja era.”
Hammarskjold en su propio país estuvo en una comisión gubernalmental de desempleo en 1930, y posteriormente ejerció un papel en el Plan Marshall y en la organización económica de Europa. Como secretario general de Naciones Unidas en los años cincuenta convirtió a la entidad en un instrumento dinámico de desarrollo, y desde la secretaria ejerció formas de acción ejecutiva. Blindó a los funcionarios de las estigmatizaciones corrientes de la guerra fría, trató de evitar que los tanques rusos abortarán la revolución hungara, y criticó a Francia, Gran Bretaña e Israel por la invasión a Egipto en la crisis del canal de Suez. Alcanzó su muerte en el Africa tratando de evitar la guerra civil del Congo.
Olof Palme , a partir de su viaje por los Estados Unidos en los años 40 del siglo pasado pudo observar la inequidad y el racismo de dicho país, y contribuir a la sociedad moderna sueca de hoy como un pacto entre el capital y el trabajo. Construyó y compartió el ideario de la socialdemocracia: competencia hasta donde sea posible y planeación necesaria, en el sector energético fundamental; romper la creencia en la eficacia del orden capitalista; invertir en la sociedad y desarrollar una política social que se pueda finanaciar; seguir el principio de responsabilidad pública; evitar una continua socialización de las pérdidas contra una ilimitada privatización de las ganancias; política de control de armamentos para evitar catastrófes humanas , y la permanente ayuda al desarrollo. En ese sentido, existió de su parte un compromiso en el diálogo Norte-Sur y una lucha contra toda forma de colonialismo.
Más recientemente la ex-canciller sueca Anna Lindh puso su empeño en trabajar conjuntamente para construir un mundo mejor, la búsqueda de soluciones multilaterales con un fuerte pratocinio global para el desarrollo, como la mejor forma de alcanzar una seguridad mundial, y una participación en los convenios de Doha por un comercio justo.
Sin embargo, la negativa del pueblo sueco frente a una de sus iniciativas de aceptar el Euro como moneda local , mediante un referendum en el 2003, incluso después de su trágica muerte, revela la lucha permanente y los cambios que requiere sostener políticas trasformadoras, a pesar de algunos fracasos. Los políticos, como en el caso sueco, difieren de un vestido formal o la proliferación de un discurso vacío, y mucho menos contribuyen a privatizar en su provecho los bienes públicos.